Un ataque de pánico puede sentirse como una alarma muy intensa: el corazón se acelera, cuesta concentrarse y aparece miedo a perder el control. Si hay dolor torácico intenso o nuevo, dificultad importante para respirar o pérdida de conciencia, llama al 112. No asumas que se trata de ansiedad ni retrases la atención para probar un ejercicio.
¿Qué es un ataque de pánico?
Es un episodio de miedo o malestar intenso que puede aparecer rápidamente, incluso sin un desencadenante evidente. Haber vivido uno no significa necesariamente tener un trastorno de pánico. El Instituto Nacional de la Salud Mental diferencia el episodio aislado de un problema con ataques repetidos y preocupación o cambios de conducta relacionados.
La duración no permite confirmar la causa de los síntomas. Aunque el NHS señala que muchos ataques duran entre 5 y 20 minutos, hay variaciones. No utilices el reloj para decidir si un dolor de pecho es peligroso o para descartar una urgencia.
La orientación de este artículo se refiere a episodios compatibles con pánico, especialmente cuando ya han sido valorados. Ante un primer episodio o síntomas distintos a los habituales, solicita valoración sanitaria. El Hospital Puerta de Hierro recuerda la importancia de llamar al 112 ante una posible urgencia cardíaca.
Síntomas que pueden aparecer
- Cambios corporales: palpitaciones, sudor, temblor, sensación de falta de aire o mareo.
- Otras sensaciones: hormigueo, náuseas o sensación de extrañeza respecto al entorno o al propio cuerpo.
- Pensamientos de alarma: miedo a desmayarse, perder el control o que esté ocurriendo algo grave.
- Después del episodio: preocupación por que se repita o evitación de lugares asociados con lo ocurrido.
Estos síntomas también pueden tener otras causas. Reconocerse en una lista no sustituye una valoración.
Cómo acompañar un episodio ya reconocido
1. Prioriza la seguridad
Si estás conduciendo o haciendo algo que requiere atención continua, interrumpe la actividad de forma segura. Si ya conoces estos episodios y el lugar no presenta peligro, procura darte un momento antes de decidir qué hacer.
Si acompañas a alguien, pregunta qué necesita y si estos síntomas son habituales para esa persona. Que diga «creo que es ansiedad» no descarta una urgencia cuando hay señales nuevas o graves.
2. Reduce las instrucciones
Habla despacio y utiliza frases cortas. Puedes ofrecer sentarte cerca o ayudar a contactar con alguien de confianza. Pregunta antes de tocar o abrazar: el apoyo que resulta agradable para una persona puede agobiar a otra.
Una frase útil para iniciar el acompañamiento puede ser: «Estoy aquí. ¿Prefieres que me quede a tu lado o que llame a alguien?». No hace falta buscar una explicación completa mientras el malestar está en su punto más alto.
3. Prueba una respiración suave
Si te resulta cómodo, intenta respirar de manera lenta y regular, sin forzar grandes inspiraciones. El NHS incluye la respiración pausada entre sus orientaciones para un ataque de pánico. No es una prueba que debas realizar correctamente ni funciona igual para todo el mundo.
Ejemplo de acompañamiento: «Podemos ir despacio. No necesitas explicarme ahora todo lo que está pasando».
Si centrarte en la respiración aumenta la angustia, puedes dejar de hacerlo y atender a una voz tranquila o al lugar en el que estás. Si la dificultad respiratoria es importante o empeora, busca atención médica.
4. Revisa lo ocurrido cuando baje la intensidad
Cuando puedas, anota qué notaste, dónde estabas y cómo respondiste. Si otra persona estuvo contigo, podéis reconstruir lo sucedido con calma. Esa información puede ser útil en una consulta posterior.
Un ejemplo de nota sería: «Estaba esperando el autobús; noté palpitaciones; llamé a mi hermana; después cancelé una cita porque temía que volviera a pasar». Describe hechos en lugar de concluir por tu cuenta qué diagnóstico tienes.
También puedes apuntar una pregunta: «¿Qué debo hacer si se repite y qué señales requieren atención médica?». Un plan acordado con un profesional puede darte una referencia más clara que buscar respuestas distintas en cada episodio.
El miedo a que vuelva a ocurrir también merece atención
A veces, el problema continúa entre episodios: dejas de viajar sola, rechazas planes o necesitas comprobar constantemente cómo está tu cuerpo. Cuenta estos cambios en consulta, aunque durante la cita te encuentres tranquila.
Existen tratamientos psicológicos para el trastorno de pánico. El NIMH destaca la terapia cognitivo-conductual entre las opciones estudiadas. La elección del tratamiento debe partir de una evaluación; no todas las personas necesitan las mismas técnicas ni el mismo ritmo.
Puedes ampliar el contexto en nuestra entrada sobre ansiedad y sus manifestaciones. Si decides consultar, explica tanto lo que sucede durante los episodios como las actividades que has empezado a evitar después.
Una referencia para actuar
Primero, seguridad y valoración cuando corresponda; después, acompañamiento y un plan. Identificar posibles síntomas de pánico no permite descartar otras causas.
Si el temor a otro episodio está reduciendo tu vida cotidiana, puedes pedir ayuda. No necesitas esperar a que ocurra de nuevo para hablar de lo que estás viviendo.
Describe los cambios
Además del episodio, cuenta qué actividades has dejado de hacer y qué apoyos estás necesitando.
Acuerda un plan
Pregunta cómo responder si vuelve a pasar y qué señales requieren atención sanitaria.
Trabajemos sobre el miedo a que se repita
En LM Psicología puedes solicitar una valoración para comprender el malestar y las dificultades que está generando. Ofrecemos atención psicológica para adultos y modalidad online, según las necesidades de cada caso. Este contacto no sustituye la atención de urgencias.